No hace falta ser un genio para darse cuenta de cosas que hay que ser muy estúpido para no verlas.
A los ojos de estos últimos, son ellos mismos los genios que de todo se dan cuenta, excepto de lo que no se dan cuenta, pues de lo que son capaces de ver unos ojos no depende de qué tan inteligentes puedan ser esos ojos, más bien depende de lo inteligente que se considere a sí mismo cada idiota por cuenta propia.
 Todo, naturalmente, dentro del marco subjetivo que marca la estupidez de multiples pendejos, cada uno por su lado pero como si fueran juntos, ya que como congéneres similares, se dirigen todos al mismo sitio. 
Y no se dan cuenta de ello.